Texts

Pulsión

Texto: Jordi Garrido Úbeda (Crítico e historiador de Arte)

Etimológicamente, la voz pulsión se remonta al latín pulsare (golpear, latir, batir, empujar), y según los preceptos del psicoanálisis freudiano, es una fuerza que impulsa al sujeto a llevar a cabo una acción con la finalidad última de satisfacer una tensión interna. Es de este modo, como fuerza y como potencia de acción como Raul Lobo Baroja (Sopela, 1982) entiende la dimensión escultórica de sus piezas. Asimismo, en su coraza cerámica, las obras se encuentran constreñidas, reprimidas (también como las pulsiones), por un lenguaje visual sintético que conceptualmente deviene la columna vertebral – y título – de la exposición.

Haciendo frente a la escultura de Lobo Baroja hallamos una primera cuestión que se hace manifiesta, de cáliz meramente estético a primera vista, pero que sirve para explicar los mecanismos creativos que rigen el proceso del artista. El aspecto de la mayoría de piezas – y no únicamente, también sus títulos – nos remite a un marco mental definido: la Grecia arcaica y otras culturas de la Antigüedad. En las obras que conforman la muestra, de epidermis tosca a medio camino entre el metal corrupto por los siglos y una roca ancestral y exhausta, retumba el hieratismo de los kouroi griegos; también la servitud de los pequeños ayudantes de ultratumba egipcios, los ushebtis (inútiles a criterio de Lobo Baroja).

Todos estos elementos, conjugados con otros también de tradición clásica como las figuras priápicas o las cojonudas, y sumando esto al hecho de que el artista expone también una pieza formada por fragmentos de piezas rotas en el proceso de creación (Pereza), la muestra entera se tiñe de un color del pasado, talmente como si nos encontráramos ante hallazgos arqueológicos que se enfrentan al público tras un exilio de miles de años y en este re-encuentro con la mirada nos traen arcanas profecías de nuestro presente y del futuro próximo.

El artista ha apuntado hábilmente a las civilizaciones que sirvieron de base para la cultura mediterránea (y por extensión, de Occidente) y las ha usado como materia prima para la creación de sus esculturas. Aplicando este procedimiento, Lobo Baroja forja su propio lenguaje visual – figuras simples, figurativas, mayormente antropomórficas en cerámica cocida – a partir de la combinación de elementos ya definidos en otros lenguajes preexistentes. De este modo, toma la ya citada tipología de los kouroi, figuras humanas de pie y con los brazos pegados al cuerpo, en bulto redondo y de expresión rígida, y los reformula añadiendo variables como los cascos del Copronauta o del Onanauta, o el poderoso puño que sustituye la cabeza de su particular Oda a la dialéctica. En las variaciones de la tipología original griega (recordemos, fechada entre los siglos VIII y VI aC.) que el artista aporta, encontramos ácidas críticas a la sociedad actual, no exentas de un humor tan ácido como necesario para sobrevivir el presente.

El proceso es aplicable también al caso de los Inútiles ushebtis, supuestos vasallos que destinados a acompañar en el más allá a la persona que acompañan a la tumba que en este caso se caracterizan justamente por incumplir la razón única de su existencia.

No obstante, no se puede obviar que Lobo Baroja no trabaja en exclusiva la figura humana; Pulsión nos muestra también figuras zoomórficas – o en cualquier caso, orgánicas – que nos remiten a una mitología que habla de nuestro entorno: hostil y complejo, perfectamente sintetizado en la figura del Stercorario con su montaña de mierda en el lomo. El artista recupera seres conocidos, como el Centauro o el Zamalzain (1), y crea otros nuevos

(Humanís) y los dota a todos de una característica particular, estar contrahechos. Desde piernas al revés hasta cuerpos capicúa, estos seres mitológicos constatan lo que para Lobo Baroja es un hecho: que la realidad carece en muchas ocasiones de sentido.

Pulsión es pues un proyecto expositivo que combina el contenido de las obras – pura teoría psicoanalítica de la sublimación de las pulsiones – con el arcaísmo que sobrevuela las formas de que el escultor dota las piezas. La combinación de ambos vertientes de la muestra conforma un amplio espectro de interpretaciones posibles; y si hay que elegir una, probablemente la que más peso adquiera sea la de concebir la muestra como una articulación de las pulsiones. Decía Walter Benjamin que “articular históricamente el pasado no significa conocerlo como verdaderamente ha sido. Significa apoderarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro”. (2) En este sentido, Raul Lobo Baroja se apodera de un recuerdo – la gramática visual de la antigüedad – y lo deforma y retuerce para que en él se puedan reflejar los latidos del presente; de este modo, las pulsiones petrificadas en cerámica devienen articulaciones que unen presente y pasado lejano para realizar movimientos hacia el futuro.

Las obras de Pulsión podrían haber sido creadas hace más de veinte siglos, pero es precisamente el uso que Raul Lobo Baroja hace de un lenguaje antiguo, combinándolo diestramente con toques de humor y críticas ácidas, lo que permite construir una mitología de los males de la contemporaneidad por tal de que, en el mejor de los casos, el público repare en los propios errores e intente enmendarlos.

 

(1) El zamalzain es una figura del folklore vasco, representada por un personaje que lleva en su cintura un caballo de juguete. Suele llevarlo el mejor bailarín de la Mascarada de Zuberoa, y se tiene noticia de esta tradición ya en 1855, donde según las descripciones, se usaba una indumentaria muy parecida a la actual.

(2) Benjamin, Walter. La dialéctica en suspenso. Fragmentos sobre la historia. Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2009, pág. 4

 

 

Revistart

revista de las artes

Texto: Mª Carmen Riu de Martín

Pulsión

Raul Lobo Baroja Baroja ha presentado en la Associació Ceramistes de Catalunya (Barcelona, del 4 de abril al 9 de mayo) una muestra de su última producción cerámica, la cual ha titulado Pulsión, porque se refiere a las motivaciones, y líneas que caracterizan su obra actual. A través del nombre refleja sus diversas preocupaciones en torno a su propia vida, el mundo y el entorno del arte.
En la actualidad Lobo Baroja vive en Barcelona, donde se trasladó en el año 2007, si bien éste no es su lugar de origen. Nació en 1982 en Sopelana (Bizkaia) y estudió en la Facultad de Bellas Artes del País Vasco, donde se licenció en 2005. Asistió a los cursos del conocido ceramista y escultor Ángel Garraza, quien impartía en el taller Cerámica y Escultura (2004-2005). Además ha participado en la XXXIV Experiencia de Tecnología y Cerámica en Sargadelos (Galicia, 2005). Con lo cual su trayectoría cuenta con una buena formación para dedicarse a la escultura cerámica.
La exposición recoge veinte esculturas, de pequeño y mediano formato que han sido realizadas con barro refractario, teñidas con engobe o bien a las mismas se ha aplicado un esmalte. A pesar de su formación como escultor, su obra no ha sido modelada, sino que trabaja con el procedimiento de añadir fragmentos o placas de barro como punto de partida para realizar sus formas escultóricas, de trazos simples y líneas precisas. También emplea moldes, como punto de partida para elaborar sus proyectos. Cuenta con un pequeño horno eléctrico para efectuar sus cocciones en alta temperatura.


Sus esculturas transmiten vivencias. Expresan un entorno onírico y se aproximan a las vanguardias surrealistas del siglo XX, como la obra “Hombre pájaro”, próxima al surrealismo de Max Ernst, quién representó este motivo en numerosas ocasiones, o a René Magritte, que plasmó en “La invención colectiva” una mujer con cabeza de pez. Muchos autores se han inspirado en la naturaleza y han buscado la fusión del ser humano con un animal. Cabe recordar ya dentro del ámbito escultórico, que Salvador Dalí también desarrolló una escultura en bronce –más realista- sobre el tema del hombre pájaro. Muchas culturas -como la mexicana- han representado este motivo en escultura con frecuencia, tanto en la antigüedad como en el momento actual, pues sirve para reflejar el ansia de libertad que tiene el ser humano.


En las esculturas de Lobo Baroja predomina la figura humana y de animales; se inspira en la tradición y la fantasía: “Unicornio”, “Centauro”, son seres que sólo han existido en la literatura de la antigüedad y se han plasmado en la escultura clásica. Otras se acercan también a contextos culturales distintos como “Zamalzain”, en la que un hombre sostiene una figura de animal, pero ésta se halla girada o invertida. Este tipo de representaciones forman parte de nuestra cultura popular. En cambio, también se refiere al pasado próximo en “Copronauta”, obra en la que aparece un ser vestido con una máscara que le sirve para protegerse del entorno social debido la situación de deterioro del planeta, que nos obliga a alimentarnos con desechos, cosa que nos genera miseria y temor. Asimismo, la situación actual asoma en la serie de bustos “Cosmomuto”, en la que una de las piezas nos permite observar un rostro cubierto con un embudo. En este caso se refiere a las necesidades de la especie. El hombre sumergido en el cosmos exterior y en el personal se ve condicionado por sus propias pulsiones, en las que comer y desarrollar su sexualidad (“El poder de los cojones”) forman parte de ello. O en “Pereza”, donde alude a una pulsión del cuerpo en la que éste no se siente motivado a realizar una acción específica.


En la obra “Humanis, tiovivo de los humanos cacahuete”, los pequeños seres que la componen giran inmóviles, de un modo repetitivo y sin opinar, desconociendo su situación; se acercan a los seres vivos o vegetales. De nuevo se sumerge en la tendencia surrealista de Ernst y Magritte, se aproxima al mundo de los sueños para plasmar sus preocupaciones, si bien éstas tienen ahora un sentido colectivo. O en “Inútiles ushebtis”, donde un pequeño grupo de figuras se muestra en disposición triangular. Alude a los espíritus que se colocaban en las tumbas egipcias para acompañar el difunto al más allá, si bien en esta ocasión carecen de brazos y no pueden desarrollar su función inicial, para la que habían sido diseñados. Por consiguiente, sugieren la imposibilidad de que exista otra vida.


La psicología, la antropología, la mitología forman parte de su lenguaje y de su medio de expresión, si bien también ha proyectado sus inquietudes en otros medios como la fotografía.


Dentro del sector cerámico, cuenta en su haber con numerosas exposiciones colectivas desde el año 2005. Algunas en otras zonas de la Península (Marratxí, Aveiro, etc.). Fue seleccionado en la XVI Bienal de Cerámica de Esplugues y en el XII Premio Nacional de Cerámica de Ciudad de Castellón. Además ha participado en una exhibición colectiva en la Fundación Arranz Bravo de Hospitalet de Llobregat, por citar algunas de sus colaboraciones.

 

Terrart

Revista de ceràmica contemporània

Texto: Eloïsa Rochina

Raul va néixer a Sopelana, un poble de la costa de Bizkaia l’any 1982. Aquest poble petit del País Basc situat entre el mar i la muntanya, amb la presència de penya-segats i el mar viu, el clima gris i plujós i la presència del verd; el gran contacte amb la naturalesa confrontat a una forta presència de la indústria imponent i decrèpita, així com la omnipresent tensió política de l’època i els 10 darrers anys viscuts a la ciutat de Barcelona, han marcat inexorablement el seu caràcter i la manera de realitzar les seves obres.

Des de petit li agradava dibuixar i els seus pares li van transmetre l’interès per l’art, però mai se l’havia imaginat com quelcom per dedicar-s’hi o com un mitjà per guanyar-se la vida. Tot i això, a l’hora de triar carrera es va decidir per les Belles Arts, inicialment orientat cap a la pintura que l’atreia amb més força.

El seu contacte amb la ceràmica va ser casual. Durant un dels cursos de la carrera se li va despertar ja l’interès, però fou fent de becari ajudant d’Ángel Garraza quan la va veure i apreciar com un mitjà d’expressió, com un material d’increïbles possibilitats, més enllà de les idees preconcebudes d’un producte decoratiu o bé utilitari. Aquesta consideració inclinà la balança del costat de l’escultura respecte a la pintura. Més tard, la seva assistència a l’Experiencia de Tecnología Cerámica y Escuela Libre de Sargadelos fou decisiva tant artísticament com personal.

Posteriorment, es va formar com a fotògraf, constituint-se la fotografia en la seva professió a nivell comercial en una empresa de moda i, encara que ha fet projectes personals, en aquest terreny no li ha pres espai a l’escultura com a expressió artística. Compagina aquesta tasca amb l’escultura, a la que dedica un temps limitat i sempre que pot va al seu taller de l’Hospitalet a treballar-hi.

No es defineix com a ceramista sinó com escultor que utilitza principalment la ceràmica per desenvolupar la seva obra. Escultures lànguides que projecten determinats estats d’ànim: introversió, inseguretat o frustració es materialitzen en personatges fantàstics per reflexionar sobre les angoixes internes amb l’esperança de superar-les. L’artista persegueix l’objectiu del diàleg de la peça amb el seu observador. Són figures hermètiques, que fan referència al pas del temps i a un futur inevitable, per això estan mancades de rostre o de detalls que les poguessin personalitzar. Són un crit d’advertiment des del passat, però a la vegada la paradoxa de situacions presents incertes, sense oblidar que una força esperançadora pot fer travessar qualsevol obstacle, com en el cas de l’Unicorn.

Per a la realització de les peces utilitza argiles refractàries d’alta temperatura, decorades amb òxids i engalbes i en alguna ocasió esmalts mats. Sovint acompanya les escultures d’elements de metall que formen part de l’obra final. Utilitza motlles per realitzar petites sèries o conjunts de peces en una mateixa obra. I de vegades són un punt de partida per crear peces diferents.

Les darreres obres que està realitzant són figures híbrides, personatges mig humans mig animals, éssers mitològics adaptats a la seva temàtica més introspectiva, d’una presència formal d’estranyament o desarrelament familiar gràcies al seu aspecte absurd i grotesc.

Actualment està treballant en la gestació d’un projecte compartit amb Francesca D’Alfonso. Es tracta d’una col·laboració constant, junts però separats, cadascú amb la seva obra, però amb la imprescindible ajuda de l’altre. Havien parlat molts cops de realitzar obres en col·laboració i unir definitivament moltes idees, fer peces a quatre mans, donar un petit gir i crear un segell d’escultura ceràmica sota el nom de Svolta.

Li pregunto com veu la ceràmica actualment i creu que ens els darrers anys hi ha un ressorgiment de la ceràmica decorativa amb una visió més contemporània, una revisió de les tècniques tradicionals reprenent temes més actuals. Paral·lelament, en la vessant més artística sorgeixen nous creadors que utilitzen la ceràmica per portar a termini les seves obres. Però creu que encara ha de passar temps perquè la ceràmica se situï al nivell d’altres materials més apreciats pel món de l’art. Considera que és feina de tots els que treballen amb aquest material que no quedi relegat a un segon pla, ja que molt sovint la ceràmica és un món molt endogàmic, una mena de ghetto antiquat i encotillat en el seu propi cercle.